En los últimos años, una serie de descubrimientos arqueológicos realizados en el Altiplano andino, especialmente en Bolivia y Perú, han revelado la existencia de aldeas subterráneas aymaras, estructuras arquitectónicas que desafían las ideas previas sobre la vivienda aymara y su adaptación a los exigentes y extremos climas de la región. Estos hallazgos no solo ofrecen una nueva perspectiva sobre la arquitectura funcional de las comunidades aymaras, sino que también proporcionan una visión más profunda de cómo estos pueblos antiguos se adaptaron al entorno natural para garantizar su supervivencia.
El contexto y los primeros hallazgos
Los primeros vestigios de lo que parecían ser estructuras subterráneas fueron reportados en la década de 1990 por arqueólogos en la región del Lago Titicaca, particularmente en las cercanías de Isla del Sol y en áreas cercanas a Tiahuanaco. Sin embargo, fue en la última década cuando un equipo de investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz, Bolivia, y la Universidad Nacional de San Agustín en Perú, comenzando en 2008, se dedicaron a excavaciones sistemáticas para estudiar más a fondo estas estructuras subterráneas, lo que resultó en importantes descubrimientos.
Durante las excavaciones, se encontraron viviendas subterráneas construidas principalmente con piedras y techadas con materiales naturales como el pastizal, la arcilla y cuero. Estas estructuras eran de forma circular o ovalada, con un sistema de ventilación rudimentario para regular la temperatura interna. Los arqueólogos también descubrieron sistemas de drenaje que permitían gestionar las aguas pluviales y proteger las viviendas del hielo y la nieve.
La función de las aldeas subterráneas: Adaptación al entorno
Las aldeas subterráneas descubiertas en el altiplano no solo eran refugios de protección contra los fríos extremos de la región, que pueden descender por debajo de los -15°C en invierno, sino también una estrategia adaptativa frente a los cambios climáticos abruptos y las intensas tormentas que caracterizan la zona andina. Las temperaturas extremas y la escasez de recursos naturales para la construcción en el área requerían que los aymaras idearan soluciones arquitectónicas innovadoras, y las viviendas subterráneas fueron una respuesta eficiente a estos desafíos.
Las viviendas subterráneas permitían a las comunidades aymaras aprovechar la temperatura constante del subsuelo, que se mantenía relativamente estable durante todo el año. Este diseño no solo ayudaba a mantener un clima interior templado durante el invierno, sino que también ofrecía protección frente a las tormentas de nieve y los vientos fríos que pueden ser destructivos en el altiplano. Además, las estructuras subterráneas eran más resistentes frente a los cambios de temperatura y otras inclemencias del clima, lo que garantizaba una mayor durabilidad de las viviendas.
La disposición espacial y social de las aldeas subterráneas
Los hallazgos de las aldeas subterráneas aymaras revelan también la organización social de las comunidades. En muchos de los sitios excavados, como en Chucuito y las áreas cercanas a Tiahuanaco, se encontraron estructuras que indicaban zonas comunes donde se realizaban actividades comunitarias, como ceremonias, reuniones y trabajos colectivos. Las viviendas subterráneas estaban organizadas de tal forma que las familias vivían en cercanía, lo que promovía la cohesión social y la solidaridad comunitaria.
Algunos de los sitios más grandes, como el recientemente descubierto Sitio de Iskanawasi en la región de Puno, mostraron complejos subterráneos que incluían espacios para almacenamiento de productos agrícolas y recursos, como granos y herramientas de cultivo, que eran fundamentales para la subsistencia de la comunidad. Estos espacios subterráneos también eran usados como refugios durante las festividades religiosas que los aymaras celebraban en honor a la Pachamama (Madre Tierra) y otros dioses relacionados con el ciclo agrícola.
Simbolismo y conocimiento astronómico
Además de su función práctica, las aldeas subterráneas aymaras tenían un propósito espiritual. Las construcciones eran colocadas con gran precisión, de acuerdo con los ciclos cósmicos, como el movimiento del sol durante los solsticios y equinoccios, y el ciclo lunar. Este alineamiento no solo evidenciaba el conocimiento astronómico de los aymaras, sino también su creencia en la conexión profunda entre el ser humano, la naturaleza y el cosmos.
Los investigadores del Instituto de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, Perú, descubrieron que algunas de las viviendas subterráneas estaban alineadas de manera precisa con el solsticio de invierno, lo que refleja el significado sagrado del sol en la vida aymara. Durante las ceremonias, que se realizaban dentro de estas estructuras, el sol era venerado como el dador de vida y las energías cósmicas relacionadas con la agricultura y la fertilidad.
Los artefactos encontrados: Una clave para entender la vida cotidiana
El análisis de los artefactos encontrados en las aldeas subterráneas ha sido fundamental para entender la vida cotidiana de los aymaras. Entre los objetos recuperados, se incluyen herramientas de piedra para la agricultura, cerámica ritual y figuras de metal, que reflejan tanto la funcionalidad de las viviendas como la dimensión espiritual de las prácticas aymaras. Además, los estudios sobre los restos humanos encontrados en estas aldeas han ofrecido pistas sobre las costumbres funerarias y las creencias acerca de la muerte, la vida después de la muerte, y la relación de los aymaras con sus ancestros.
El impacto de estos descubrimientos en la visión contemporánea del pueblo aymara
El redescubrimiento de las aldeas subterráneas aymaras ha sido un avance significativo en la arqueología y el estudio de la cultura aymara. Estos hallazgos desafían la visión tradicional de los pueblos andinos como nómadas o como sociedades simplemente adaptadas a la vida en las alturas. Más bien, muestran que los aymaras eran pueblos con un profundo conocimiento de su entorno natural y que sabían cómo adaptarse y prosperar en condiciones extremas, utilizando recursos locales para crear un hábitat sostenible.
Además, el descubrimiento de estas aldeas subterráneas ha tenido un impacto importante en la revitalización cultural del pueblo aymara. Muchos miembros de las comunidades aymaras contemporáneas se sienten orgullosos de ver cómo sus ancestros lograron sobrevivir en condiciones tan adversas y mantuvieron su conexión con la tierra y el cosmos a través de sus prácticas espirituales y su arquitectura.
Conclusión: Un legado arquitectónico y cultural
El redescubrimiento de las aldeas subterráneas aymaras en el Altiplano andino no solo proporciona una visión fascinante de la arquitectura funcional y adaptativa, sino que también abre nuevas puertas para comprender la organización social y espiritualidad de los pueblos aymaras precolombinos. Estas estructuras subterráneas no solo eran refugios contra los rigores del clima, sino también una manifestación tangible de cómo los aymaras entendían y se relacionaban con el mundo natural y cósmico.
Con el paso del tiempo, los estudios sobre estas aldeas seguirán revelando más secretos de un pueblo cuya sabiduría ancestral sigue siendo un elemento clave de la identidad aymara, asegurando que su legado perdure en la memoria colectiva de las nuevas generaciones.























